Misión MTA – Carlos Casares II
Autor: Juventud Universitaria de Buenos Aires
Como desde hace veinticuatro años, la juventud universitaria de Buenos Aires estuvo misionando entre el 26 de diciembre y el 4 de enero. Continuando con el ciclo iniciado en 2024, el destino fue la ciudad de Carlos Casares en la Provincia de Buenos Aires, Diócesis de 9 Julio. Fueron 300 misioneros repartidos en 8 comunidades distribuidos entre la planta urbana y otras localidades vecinas.
Durante los días de misión se logró visitar las familias, hacer actividades en las plazas, talleres, Peñas y celebración de misas en Calos Casares, Smith, Moctezuma, Cadret, Ordoqui, Hortensia, Martínez de Hoz y Quiroga. Acompañaron los padres Juan Molina, Francisco Bosch, Tomás Dell’Oca, Jose María Iturrería, Juan José Ribas Y los seminaristas Juan Cruz Colombo y Francisco Ferreccio.
El lema que acompañó la misión fue “Alégrense y regocíjense” de las bienaventuranzas. De este modo, a través de la misión, buscaron compartir la alegría de la vida en Jesús y la Mater que transforma la mirada. En la misa de clausura de la misión se enviaron 12 misioneros locales que continuarán la misión durante el resto del año.
Testimonios
“Terminó. Y terminó muy rápido ¿Cómo hago ahora para decantar todo lo vivido? ¿Cómo hago para procesar honorablemente el desborde de amor que Dios nos regaló? Tantos rostros y situaciones concretas, reflejos de su presencia en solo 10 días de VIDA hiper concentrada. Me duele un poco aceptar que nunca podría ser plenamente consciente de toda la locura que acabamos de vivir. Es como tratar de agarrar agua con las manos, y del torrencial de bendiciones de la Mater, la mayoría se me escurre entre los dedos. Realmente Cristo trae vida en abundancia, y la desproporción es inmensa. Mucha vida, rica en nuestra pobreza, sufrimientos y llamados que abruman a nuestras fuerzas, tantísimo recibido para lo poquito que damos. Este misterio se revela a su vez en condiciones muy claras. No hay ningún secreto en MTA. Desde antes sabíamos quién era la misionera, y no hay nada loco en lo que hacemos. Comemos, oramos, buscamos al otro, servimos. Una fórmula simple. Es la vida, la vida de todos los días, sin ningún chiche, con fideos pegados, distracciones en la misa, y cansancio. La vida sin ninguna pretensión, siempre al alcance de la mano, a tan solo nuestra decisión de vivirla de distancia. La misión no es un buen programa, sino un vistazo de lo que podemos hacer en vida y lo que viene después de ella. Y que lindo que no nos alcance con esta misión, por increíble que estuvo, para saciarnos hasta la muerte. Significa que esto no es nada, que hay mucho más, y que la alegría, como su amor, no tiene límites.” – Matías, Pilar.
“Bienaventurados los que caminan lento bajo el rayo del sol, porque el Señor les enseñará a ver cada paso como una oportunidad de evangelizar. Bienaventurados los que se arriesgan a ir a lugares desconocidos robando manzanas, porque encontrarán a Dios en cada rostro nuevo. Bienaventurados los que trabajan en equipo, porque experimentan la unidad en la diversidad. Bienaventurados los que sirven con alegría, porque su corazón se llenará de paz. Bienaventurados los que duermen poco y sacrifican horas de sueño, porque en su cansancio está el descanso de los demás. Bienaventurados los que deben presentar la fe, porque son instrumentos de transformación en el mundo. Bienaventurados los que no serán comprendidos en la vuelta a casa, porque las palabras quedan cortas ante la abundancia del alma. Bienaventurados los que siembran sin ver la cosecha, porque su fe será recompensada en el tiempo perfecto de Dios. Bienaventurados son los misioneros, porque saben que en cada paso que dan, el Reino de Dios se acerca un poco más. Alégrense y regocíjense entonces porque ustedes tuvieron la gran oportunidad de haber vivido un poquito del cielo en la tierra. Gracias querida MTA, gracias Mater una vez más.” – Pilar, San Isidro.
“Gracias Dios por el regalo de empezar a ver la vida un poco con tus ojos. Con más registro, con más intensidad, con más pasión. También con más dolor, pero por sobre todo, con más amor. Gracias por enseñarme a ver mi vida con paciencia, entendiendo que es un camino, que son etapas, que son procesos. Gracias por mostrarme lo que es vivir plenamente feliz, dándole sentido a todo. Se dice que en MTA pasan cosas, y así fue: “Nada cambió, yo cambié, todo cambió.” Me voy sabiendo que estos 10 días me marcan un nuevo comienzo y que, a la luz de todo lo que viví, veré cosas mayores.” – Pedro, Confi.