Peregrinación de la JM Argentina al Cristo Redentor
Autor: Juventud Masculina de Schoenstatt de Argentina
Por segunda vez, la Juventud Masculina Argentina unió el Santuario de Mendoza con el Cristo Redentor a pie. Fueron más de 200 kilómetros recorridos entre el 18 y el 26 de enero. Participaron treinta universitarios de Córdoba, Mendoza, San Luis, Salta y Santa Fe acompañados por el p. Pablo Mori.
En enero del 2022 se había hecho por primera vez y este año fue la segunda. El propósito es unir el Santuario de Schoenstatt de La Punilla con el Cristo Redentor, en la frontera con Chile. En el camino, un momento especial para encontrarse con uno mismo, con la Mater, con la naturaleza y recordarse caminando con otros JMs universitarios de distintos lugares del país. Unidos como juventud, demostraron así su amor a Cristo. En esta oportunidad la peregrinación se hizo transitando por la ruta provincial 52, atravesando la Reserva Natural Villavicencio, un lugar poco transitado y rodeado de naturaleza con increíbles paisajes.
El lema que guió en este camino fue: “Peregrinos de esperanza, camino al Corazón de Cristo”. A través de cada paso buscaron acercarse más a Él, con el corazón lleno de fe y confianza.
Testimonio – Joaquin Candiotti (JM Santa Fe):
“La experiencia fue inolvidable, me llegué a sentir muy pleno y con ganas de más más más. Fui con el objetivo de despejarme, cumplir el Desafío y encontrarme con Dios, necesitaba una experiencia que me saque de mi comodidad para mover el espíritu. Los nueve días tuvieron cada uno su detalle, distintos paisajes, distintas alturas, distinto suelo, distinto destino. Esto hizo que cada día fuera especial. Yo sabía poco y nada de los lugares por los que íbamos a pasar, dónde íbamos a dormir, qué íbamos a comer, o cómo era el cronograma de todos los días, eso me ayudó a centrarme en mí y no en lo que se venía.
Si me detengo a explicar un poco lo vivido una vez que se llegó a la meta final, porque una vez que llegué me cerraron muchas dudas y entendí por qué necesitaba hacer el Camino al Corazón de Cristo. Una vez que llegué y se me pasó la alegría por haber cumplido, me paré a mirar al Cristo y me llené de sentimientos que necesitaba y no sabía, de palabras que buscaba y no encontraba, me sentí cercano a Dios.
Esta experiencia no es para desafiarse físicamente, no es un reto para presumir en redes, es una experiencia puramente espiritual: se trata de querer encontrarse con Jesús. Eso se logra gracias al cansancio físico, al cansarse el cuerpo empieza a trabajar la mente, el alma. Así con el correr de los días uno se va ablandando, logras escucharte, rezar, reconocerlo en la eucaristía. Allá arriba, en el final mientras sonaba “Verás cosas mayores”, entendí que lo importante no era lo alto, los paisajes espectaculares, las anécdotas de los días o los amigos del camino, lo importante no fue llegar a 3800 mts sobre el nivel del mar, después de camina 200km, lo importante, por lo que vale la pena lo vivido, es que llegar al Cristo Redentor no sea la meta final, sino, un punto de partida.”